El homicidio fue configurado, en un principio, como un operativo que involucrarĂa a varias personas, entre ellas el artista David Alfaro Siqueiros, pero tras el fracaso del primer intento, a Mercader se le asignĂł la tarea de matar al ruso en solitario
MĂ©xico, 17 ago (EFE/Isabel Reviejo).- La “gran tragedia” de RamĂłn Mercader es que, a pesar de haber pasado a la historia como el homicida de LeĂłn Trotsky, fue forzado a cometer su crimen, asegura John P. Davidson, autor de la novela “El asesino obediente”.
En esta novela, el escritor estadounidense sigue los pasos del español Mercader, desde que recibe la invitaciĂłn para formar parte del complot estalinista que acabarĂa con la vida de Trotsky hasta que finalmente comete el ataque el 20 de agosto de 1940 en la casa del polĂtico exiliado en Coyoacán, en la Ciudad de MĂ©xico.
“Él no creĂa que Trotsky era peligroso, un problema, que era necesario matarlo”, como proclamaba el rĂ©gimen de Stalin, afirma Davidson en una entrevista con Efe.
Porque, al fin y al cabo, el español tuvo la posibilidad de conocer el cĂrculo del polĂtico e incluso al propio Trotsky, por lo que “pudo ver que no era un monstruo” y acabĂł mostrando su disconformidad con el asesinato.
El homicidio fue configurado, en un principio, como un operativo que involucrarĂa a varias personas, entre ellas el artista David Alfaro Siqueiros, pero tras el fracaso del primer intento, a Mercader se le asignĂł la tarea de matar al ruso en solitario.
“RamĂłn no era asesino, posiblemente habĂa matado a alguien en la Guerra Civil de España, pero a sangre frĂa no habrĂa matado”, defiende el autor, remarcando que al inicio Ă©l no sabĂa que iba a ser el homicida.
En el español tuvo una gran influencia su madre, Caridad del RĂo, con quien mantenĂa una conexiĂłn “muy intensa” que comenzĂł cuando era niño.
Caridad “creĂa que los individuos no son importantes, que la revoluciĂłn es más importante y, si hay que morir, entonces lo haces, como su otro hijo (Pablo), que muriĂł en España”, comenta Davidson.
Los tiempos del operativo estaban planeados estratégicamente, dado que Stalin escogió el momento para que los bombardeos en Inglaterra sucedieran justo después del crimen y este no llegara a las portadas.
Además, hubo acciones propagandĂsticas en MĂ©xico para poner a la opiniĂłn pĂşblica en contra del polĂtico, de quien se dijo que era “fascista y terrorista”. Esto respondĂa a la directriz estalinista de que antes de matar a alguien hay que matar su reputaciĂłn, apunta el autor.
Pese a la planificaciĂłn, que llevĂł un par de años a la espera del “momento correcto”, el primer intento, considera el estadounidense, fue “muy torpe”.
Siqueiros, quien entrĂł en la habitaciĂłn donde estaba durmiendo el ruso con su esposa, Natalia Sedova, y efectuĂł varios disparos, “podrĂa haber matado a Trotsky”, pero “no prendiĂł la luz y saliĂł sin saber si lo habĂa hecho”.
El acto resultĂł fallido porque tanto Trotsky como Sedova se resguardaron a un lado de la habitaciĂłn, lo que los dejĂł a salvo de los disparos.
Tuvieron que pasar semanas para que se celebrara el segundo intento a manos de Mercader, por el cual el ruso falleciĂł al dĂa siguiente.
Sobre lo ocurrido el 20 de agosto hay “muchos mitos” y aspectos que falta por conocer, como dĂłnde está el piolet con el que Mercader atacĂł a Trotsky y por quĂ© eligiĂł esta herramienta para cometer el asesinato, ejemplifica el autor.
El ruso sospechaba que Mercader -quien se presentaba bajo una identidad falsa- no era quien decĂa ser y “posiblemente era un asesino”, pero no se sabe por quĂ© no dio la orden a sus guardas de que no le permitieran el paso a la casa, añade.
Asimismo, señala Davidson, Mercader tenĂa a tanta gente a su alrededor y estaba “tan bien vigilado” que es una incĂłgnita “por quĂ© no se notaba que RamĂłn estaba cambiando su versiĂłn de la historia”, con la que se refugiaba bajo el nombre de Jacques Mornard y se hacĂa pasar por belga. EFE
17 de agosto de 2016 -