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Reseña: Vuelve Jason Bourne, en plena la crisis de los 40



Jason Bourne, taciturno y hecho de pura fibra, corre por las capitales europeas —Roma, Atenas, Londres— con la determinación de un turista que necesita un baño con desesperación pero es muy orgulloso como para preguntar dónde hay uno; aunque, desde luego, es perseguido y observado en la calle y desde un centro de espionaje del otro lado del océano, donde sus antiguos jefes de la CIA lo rastrean como si fuera la presa en un Pokémon Go de alto riesgo.
Bourne es un icono de la cultura pop que está de regreso porque… ¿por qué no? Es verano. La gente necesita algo que hacer y, en este momento, dos horas de paranoia ficticia podrían ofrecer un descanso reconfortante de la paranoia real.
Lo bueno y lo malo de Jason Bourne, dirigida por Paul Greengrass y protagonizada por Matt Damon como el asesino amnésico que todos quieren, es que se siente como los filmes de antes.
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Tommy Lee Jones interpreta al director de la CIA. CreditJasin Boland/Universal Pictures
Casi ha pasado una década desde la última vez que Greengrass y Damon participaron juntos en esta franquicia, y su regreso es positivo y fastidioso a la vez. En 2004, cuando Greengrass tomó la batuta de la serie con “The Bourne Supremacy” (Doug Liman había dirigido “The Bourne Identity” dos años antes), su acercamiento al cine de acción se sintió distintivo y nuevo. Ahora, su estilo vigoroso y estricto a la hora de filmar y editar —la velocidad y el caos máximos reproducidos con una coherencia elegante y hermosa— tiene una vibra clásica y grandiosa.
La emoción no se ha ido del todo, simplemente es un poco más tenue. Damon, por su parte, es tan sutil como jamás lo ha sido. Jason Bourne es un héroe de acción extraordinariamente pasivo, un hombre que huye debido a su instinto de supervivencia mientras intenta averiguar quién lo persigue y por qué lo hace. Después de tantos años de escapar, su predicamento existencial se ha convertido en un asunto de rutina.
Él está consciente de que sabe algunas cosas malas, y sus perseguidores también lo saben… pero él no está absolutamente seguro de qué sabe ni cómo lo sabe. Para él, la confusión resultante es desgarradora. Para nosotros, es parte de la diversión, como el escalofrío que se siente al escuchar a un par de hombres vestidos de negro mientras susurran en su jerga de espías con rostro serio: “¡Equipo alfa, necesito un reporte, cambio y fuera!”.
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Tommy Lee Jones interpreta al director de la CIA. CreditJasin Boland/Universal Pictures
Esta vez el reporte es que a Bourne, quien trata de seguir su carrera como boxeador a puño limpio en las tierras agrestes de Grecia, se encuentra con su compañera renegada de la Compañía, Nicky Parsons (Julia Stiles). Su excolega tiene información, extraída de un campamento de hackers en Islandia, sobre las trampas de la Agencia en las que estuvo involucrado el padre de Bourne (Gregg Henry, en retrospectiva).
La acción comienza después de la reunión de Nicky y Jason en Atenas, y la persecución comienza con Robert Dewey, el director de la CIA (Tommy Lee Jones), y Heather Lee (Alicia Vikander), una de sus ambiciosas subordinadas. En la escena se echa a andar el espectáculo de transmisiones satelitales y despliegues de información de los suburbios de Virginia.
Su principal arma para operaciones en el extranjero es un asesino que solo se conoce como The Asset (Vincent Cassel), quien le guarda un rencor personal a Bourne. Esa es quizá la característica más sorprendente de Jason Bourne: prácticamente todos los personajes principales —los buenos, los malos y los que están en medio— trabajan para la misma organización, por lo menos como consultores. Hay susurros lúgubres acerca de amenazas externas y referencias a la tensión entre la seguridad y la privacidad en la era digital, pero la geopolítica y la tecnología son el andamio de un filme que esencialmente trata acerca de los retos de recursos humanos en una gran burocracia.
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Alicia Vikander, como trabajadora de la CIA en “Jason Bourne” CreditJasin Boland/Universal Pictures
Este capítulo de la serie, que viene después del surgimiento de WikiLeaks y el crecimiento de las redes sociales, toma nota de las realidades contemporáneas. El nombre de Edward Snowden se menciona algunas veces, y hay una trama secundaria acerca de un joven magnate de la tecnología llamado Aaron Kalloor (Riz Ahmed), que intenta liberar a su empresa del bolsillo de Dewey. El terrorismo y la vigilancia se tratan como hechos de la vida y como abstracciones.
También hay una sensación de que la acción es repetitiva, que hay una ausencia de pasión, si no es que de destreza. Sospecho que algunos jóvenes se quejarán de que Jason Bourne es tediosa e irrelevante. Sin debatir la sustancia de ese juicio, no puedo evitar tomármelo personal. El tedio, yo diría, no es incidental, sino esencial porque este no es un filme de espías ni de una persecución por tierra ni una película de acción donde abundan los puñetazos y las peleas, sino una meditación sombría acerca de la crisis del profesional de la generación X en la agonía de la mediana edad.
No es que esté criticando a Damon, quien a sus 45 años luce estupendo, con lo opuesto al cuerpo de un padre de familia. Sin embargo, consideremos durante un momento el personaje que interpreta, quien debe hacer su propia introspección mientras escapa y vive bajo presión. Jason, con todo y su talento prodigioso y su técnica perfeccionada con mucho cuidado, se encuentra permanentemente estancado en la escalera profesional, incapaz de renunciar o avanzar. Para empeorar el asunto, queda atrapado en una prisión generacional, presionado por un lado por un jefe sentimental que se ensalza a sí mismo y pertenece a la generación de los baby-boomers (Jones) y del otro lado por unamillennial conocedora de la tecnología que asciende rápidamente de rango (Vikander). El pobre Bourne lleva la carga del conocimiento histórico inconveniente incluso mientras pelea una batalla perpetua contra su propia obsolescencia.
FUENTE:http://www.nytimes.com/

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