El 20 de septiembre, el golpe más terrible fue asestado por el huracán MarĂa y los vientos y el agua del ciclĂłn categorĂa 4 destruyeron el ya anticuado y corroĂdo sistema energĂ©tico, derribaron torres de suministro, los enlaces de distribuciĂłn y los cables y postes del alumbrado.
San Juan, Puerto Rico (EFE/Cristina Heusel).- El huracán MarĂa dejĂł en ruinas a Puerto Rico, cuya poblaciĂłn, un mes y medio despuĂ©s, ha comenzado a percibir soluciones y lucha para que la conocida como “Isla del encanto” vuelva a ser el paraĂso que atraĂa al turismo mundial y no sea la “isla del desencanto” como algunos la empiezan a llamar.
El estado libre asociado de Estados Unidos recibió un primer embate el 7 de septiembre cuando el huracán Irma se precipitó sobre gran parte de la isla, asà como de otros territorios del archipiélago caribeño.
Fue un anticipo. Casi dos semanas despuĂ©s, el 20 de septiembre, el golpe más terrible fue asestado por el huracán MarĂa y los vientos y el agua del ciclĂłn categorĂa 4 destruyeron el ya anticuado y corroĂdo sistema energĂ©tico, derribaron torres de suministro, los enlaces de distribuciĂłn y los cables y postes del alumbrado.
Muchas carreteras y caminos quedaron cortados y aĂşn permanecen asĂ. Las fábricas, centros comerciales y oficinas cerraron sus puertas al no recibir energĂa elĂ©ctrica para operar. Lo mismo ocurriĂł con hoteles, restaurantes y cines.
En San Juan solo opera un cine, que esta semana ofreciĂł un festival con pelĂculas europeas y latinoamericanas al que los espectadores acudieron para escaparse de la realidad.
En algunos hospitales, los médicos debieron acudir a la luz de sus teléfonos móviles para atender a enfermos transportados en ambulancias que temerariamente cruzaban las calles de ciudades sin semáforos.
El Viejo San Juan, el sector colonial de la capital que ha sido el centro turĂstico de la ciudad, carece de luz y casi todos sus restaurantes y comercios están cerrados.
En San Juan solo opera un cine, que esta semana ofreciĂł un festival con pelĂculas europeas y latinoamericanas al que los espectadores acudieron para escaparse de la realidad.
“Me da lo mismo cualquier pelĂcula que exhiban ahora, no me importa”, señalĂł un anciano ante el cine que para Ă©l, en este paĂs tropical, ofrecĂa como gran atractivo el funcionamiento del aire acondicionado.
Una situaciĂłn similar viven otras ciudades que quedaron en tinieblas y algunos hospitales sin energĂa elĂ©ctrica han acudido al uso de generadores para poder atender a los pacientes.
Esos mismos generadores, convertidos en un artĂculo de primera necesidad que se agota rápidamente, son el eje que ha mantenido en operaciones a muchos hoteles, restaurantes, edificios del Gobierno y de particulares, asĂ como estaciones de bombeo de agua y alguna central elĂ©ctrica.
Tras el huracán casi todos los turistas y puertorriqueños huyeron en cuanto hubo disponibilidad de vuelos comerciales y privados.
Las muertes vinculadas al huracán rondan el medio centenar pero versiones oficiosas aseguran que serĂan centenares si se incluyeran los decesos de muchos heridos o enfermos que no recibieron atenciĂłn oportuna por falta de electricidad y carreteras cortadas.
“Nunca, en casi un siglo, habĂamos sufrido un golpe tan duro”, señala a Efe Brenda LĂłpez, cuya casa fue destruida por el huracán.
Madre de dos niños dedicada a la crianza de gallinas, vacas y caballos y a la venta de perros en las cercanĂas del pueblo de Utuado, la mujer de 37 años asegura que el paĂs se levantará y resurgirá como las hojas que ahora brotan en los árboles que resistieron al huracán.
“Pero sabemos que pasará mucho tiempo. Esto fue terrible y no vamos a salir del paso en muy pocos meses o en años”, señala mientras busca entre los escombros algĂşn utensilio que pueda volver a ocupar.
La familia de LĂłpez encontrĂł refugio en la casa de un familiar y dice que hasta la semana pasada no habĂa recibido ayuda de las autoridades aun cuando Utuado está a solo 100 kilĂłmetros de San Juan, donde se concentran las tareas de auxilio y reparaciones del Gobierno.
En esas operaciones participan además de los organismos oficiales otros del Gobierno de Estados Unidos como la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) y el Cuerpo de Ingenieros del Ejército.
“No, no han llegado por aquĂ”, dice LĂłpez mientras recibe agua, comestibles enlatados, alimentos, medicinas y artĂculos de primera necesidad traĂdos por un grupo de españolas.
Esas mujeres llegaron hasta su casa en tres vehĂculos luego de un viaje en el que eludieron cables de electricidad tirados en el suelo, árboles cortados y caminos inundados por aguas que emanan de los cerros y que, sin lĂquido potable, sirven al menos para el aseo personal.
“Sabemos que llegarán en algĂşn momento y que aunque no nos solucionen todos los problemas al menos nos aliviarán la carga”, agrega la mujer con un gesto de resignaciĂłn.
Palabras similares utiliza Wilfredo Nevares, quien repite una consigna que promete que ante la tragedia “Puerto Rico se levanta” y que llama a la solidaridad.
“Este es un paraĂso y lo seguirá siendo. Hay esperanza. Creemos en el renacer de la isla. Solo hay que esperar y ponernos manos a la obra”, manifiesta.
La pregunta diaria de los puertorriqueños unos a otros es si les ha llegado la luz y cuando es asĂ, es motivo de una sonora celebraciĂłn.
SĂ se va normalizado parcialmente la educaciĂłn pĂşblica aunque muchos sindicatos denuncian que la precaria situaciĂłn de seguridad en muchas escuelas es un peligro para los estudiantes, mientras los padres quieren que sus hijos regresen a las aulas.
Mientras, la vida sigue con los comercios, que funcionan con la ayuda de los generadores, ofreciendo de manera limitada alimentos de primera necesidad como arroz y habichuelas, asà como agua potable que desaparece rápidamente de los estantes. EFE
fuente acento.com.do/
